CH

A Returning Client Experience

Carmen Herrera Hernandez
★★★★☆

Volví a la parrilla de Don Osvaldo después de tres meses. La primera vez fui por recomendación de un vecino de Mataderos y salí conforme, pero con la sensación de que había que probar de nuevo para confirmar. Esta vez fui un sábado a la noche, con la mesa reservada por teléfono, porque los viernes y sábados se llena rápido y no aceptan demoras.

El local no cambió nada: manteles de papel, el olor a brasa entrando desde el fondo y la misma carta escrita a mano en una pizarra. Pedí vacío otra vez, para comparar con la primera visita, y un chorizo para compartir. La carne llegó en el punto exacto que pedí, jugosa por dentro y con la capa de grasa crocante que en otros lugares se pierde. El servicio fue directo, sin vueltas, pero atento: la moza se acordaba de que la vez anterior había pedido la provoleta bien dorada.

Lo que más me llamó la atención fue la constancia. Muchas veces un lugar te sorprende la primera vez y después baja el nivel. Acá el vacío tenía el mismo sabor, la misma textura y el mismo tamaño que en mi visita anterior. La relación precio-cantidad sigue siendo de las mejores que probé en la zona, y eso que en estos meses aparecieron dos parrillas nuevas a pocas cuadras.

El único detalle que noté: la espera fue un poco más larga que la primera vez, unos 15 minutos entre el pedido y la entrada del plato. Nada grave, pero si vas con hambre extrema, pedí el chorizo como entrada. En resumen, un lugar que mantiene la calidad y que merece la pena volver, sobre todo si buscás una parrilla de barrio sin vueltas y con sabor honesto.

12 de marzo de 2025

Quién está detrás de las reseñas

Miguel Vargas Aguilar, comensal de oficio y cronista de la comida de barrio en Buenos Aires. Recorro parrillas, bodegones y puestos callejeros desde hace más de una década, y cada reseña que publico sale de una visita real, con tiempo de espera cronometrado y la cuenta pagada de mi bolsillo.

Empecé este proyecto en 2019, después de una mala experiencia con un delivery que llegó frío y una parrilla que cobraba precio de restaurante con calidad de rotisería. Desde entonces, documenté más de 400 visitas a locales que no aparecen en las guías tradicionales. Mi regla es simple: no escribo sobre un lugar si no lo probé al menos dos veces, una en el local y otra por delivery. Así evito recomendaciones apuradas y le doy al lector datos que sirven de verdad: el punto exacto de la carne, la temperatura del pedido al llegar, y si el trato del personal justifica la espera.

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